Conoce a nuestro jurado: María Elena Dressel

Durante los próximos meses iremos presentando a los jurados del concurso LLaves Digitales. Hoy partimos con la Periodista de Radio Concierto María Elena Dressel.

María Elena Dressel Roa es Periodista, empresaria y asesora de estrategias de innovación y comunicación corporativa. Cuenta con más de 20 años de experiencia en diversos medios de comunicación. Actualmente es conductora y editora de los programas “Concierto Valor” y “Tierra de Unicornios”, de Radio Concierto, y “Dejando Marca”, de Prisa Media Chile. Hoy es la comunicadora dentro de los jurados de Llaves Digitales.

La alfabetización digital se ha convertido en uno de los desafíos más relevantes para el desarrollo social y económico del país. En este contexto, el Premio Llaves Digitales busca reconocer iniciativas que contribuyan a reducir las brechas de acceso, habilidades y confianza en el uso de la tecnología. Conversamos sobre el impacto de esta iniciativa, el rol de la comunicación y los desafíos de la inclusión digital en Chile. 

¿Qué hace que el Premio Llaves Digitales sea una iniciativa con un relato potente para contar? 

Un relato potente en comunicación corporativa no nace de la tecnología en sí, sino del impacto humano. El Premio Llaves Digitales tiene fuerza porque tangibiliza la inclusión. No hablamos solo de cables o de conexiones a internet, sino de entregar herramientas reales que cambian vidas, cierran brechas y abren oportunidades para quienes históricamente han estado marginados de la transformación digital. 

El premio busca reconocer proyectos que reduzcan la brecha de alfabetización digital en Chile. ¿Por qué es importante visibilizar estas iniciativas desde los medios de comunicación? 

Los medios tenemos el deber de dar a conocer y amplificar estos mensajes y convocatorias, no solo de diagnosticar problemas. Visibilizar estos proyectos genera un efecto multiplicador: inspira a otros innovadores, atrae inversión privada y pone la urgencia de la alfabetización digital en la agenda pública. Es demostrar, a través de casos de éxito narrados con profundidad, que la brecha efectivamente se puede acortar. 

Como conductora de programas sobre innovación y emprendimiento, ¿qué tipo de proyectos espera encontrar en esta convocatoria y qué los haría destacar? 

Espero ver proyectos que combinen creatividad con escalabilidad real. Me interesan especialmente aquellas soluciones que entienden las realidades locales y no se limitan a replicar modelos desarrollados en otros contextos. Lo que haría destacar a una iniciativa es su capacidad de ir más allá del acceso básico y enfocarse genuinamente en la apropiación de la tecnología por parte del usuario final. 

La alfabetización digital va más allá del acceso a internet: incluye confianza, seguridad y habilidades. ¿Cómo puede la comunicación ayudar a transmitir esta distinción al público general? 

La clave está en utilizar narrativas cotidianas. En lugar de recurrir a un lenguaje técnico y distante, la comunicación debe mostrar historias donde la tecnología resuelva problemas reales: el adulto mayor que ahora realiza trámites sin miedo a sufrir estafas o el microemprendedor que logró digitalizar sus ventas de manera segura. La diferencia se transmite explicando el “para qué” de la tecnología, más que el “cómo”. 

El premio ofrece USD 10.000 y proyección internacional en PIT/LADX 2027. ¿Qué valor tiene este tipo de reconocimiento para escalar iniciativas locales de impacto social? 

El capital es fundamental para la operación de cualquier proyecto, pero la proyección internacional y la validación que entrega un premio de esta categoría tienen un valor difícil de cuantificar. Otorgan un sello de confianza que facilita futuras rondas de financiamiento y la generación de alianzas estratégicas. Es el impulso necesario para pasar de ser un piloto exitoso a una iniciativa escalable o incluso a una futura política pública o solución exportable. 

Desde su rol en fundaciones y academia, ¿qué desafíos ve para que más personas participen con autonomía en el mundo digital, especialmente en grupos vulnerables? 

El mayor desafío no es únicamente la infraestructura o la conectividad, sino también la contención y el acompañamiento. Muchas veces, los grupos más vulnerables sienten que la tecnología “no es para ellos”, ya sea por temor a equivocarse o por la falta de referentes cercanos. El reto consiste en crear entornos de aprendizaje seguros y empáticos, donde equivocarse sea parte natural del proceso y no una causa de frustración o exclusión. 

¿Qué criterios deberían pesar más al evaluar un proyecto: el impacto inmediato o la sostenibilidad a largo plazo? 

Ambos son relevantes, pero la sostenibilidad a largo plazo debe ser el factor determinante. Un impacto inmediato que dependa exclusivamente de una única inyección de recursos termina siendo una solución temporal. La verdadera transformación ocurre cuando el proyecto demuestra que puede mantenerse en el tiempo y adaptarse a nuevas comunidades con necesidades similares. 

Como integrante del jurado, ¿qué busca en una postulación para convencerse de que es una iniciativa transformadora y no solo una buena idea? 

Busco evidencia. Una buena idea puede sonar atractiva en el papel, pero una iniciativa transformadora presenta indicadores de impacto, testimonios de usuarios reales y una comprensión profunda de las barreras que enfrenta la comunidad a la que busca servir. También valoro equipos que conocen de cerca la realidad de sus beneficiarios y que han perfeccionado sus soluciones a partir de la experiencia y la retroalimentación de las personas. 

El eslogan del premio es “Tecnología con propósito. Oportunidades para más personas”. ¿Cómo se construye una narrativa que conecte tecnología con inclusión real? 

Poniendo siempre a las personas en el centro del relato. La tecnología debe presentarse como una herramienta y no como un fin en sí misma. La inclusión se comunica dando voz a los beneficiarios, mostrando cambios concretos en su calidad de vida y evidenciando cómo estas soluciones contribuyen a generar oportunidades y a nivelar la cancha para todos. 

Mirando hacia el futuro, ¿qué espera que logre el Premio Llaves Digitales en los próximos años para Chile y la región? 

Espero que se consolide como un espacio de referencia donde confluyan el sector público, el privado y la sociedad civil en torno a un objetivo común: reducir el analfabetismo digital. Más allá de reconocer proyectos individuales, me gustaría verlo convertirse en una red colaborativa capaz de compartir aprendizajes, estandarizar metodologías y exportar buenas prácticas desde Chile hacia el resto de Latinoamérica.